MODERNO/CONTEMPORÁNEO

EDAD MODERNA

La conquista del reino de Granada en 1492 supuso la pacificación del sureste, una tierra de frontera con continuas escaramuzas y cabalgadas entre musulmanes y cristianos. La villa de Mula comenzó de esta forma a expandirse fuera de sus murallas, ocupando el valle y la huerta en un momento de expansión agrícola y crecimiento poblacional. Durante el siglo XVI se creará la plaza del Ayuntamiento, comenzará a levantarse la iglesia de San Miguel y la torre del Reloj, y el marqués edificará el Castillo.

El siglo XVII supondrá un frenazo al crecimiento poblacional y económico de la villa. Estará caracterizado por una profunda crisis agraria como consecuencia de las sequías y por la pérdida demográfica originada por la epidemia de peste de 1648, que acabó con más del 60 % de la población. Sin embargo, en esos momentos de desasosiego tuvo lugar la aparición del Niño Jesús al pastor Pedro Botía en el Balate, a la que se unió la llegada de los restos de San Felipe Mártir, produciéndose el milagro que marcará la vida religiosa del municipio.

El siglo XVIII será una nueva etapa de florecimiento, transformando numerosas iglesias al gusto barroco y levantando numerosos palacios y casonas entre las que destacan la Casa Pintada y el palacio del marqués de Menahermosa, dibujando un parcelario que prácticamente ha llegado hasta nuestros días.

EL CASTILLO Y EL MARQUESADO DE LOS VÉLEZ

El castillo de Mula

El castillo es el monumento más importante de la ciudad de Mula. Situado sobre la cima del cerro del Cabezo, recorta desafiante el horizonte con su imponente presencia recordándonos quien era el dueño y señor de la villa. Mandado construir por el primer marqués de los Vélez hacia 1520 se edificó sobre los restos de la antigua alcazaba árabe, marcando el inicio de una nueva era.

El marquesado de los Vélez

Entregada la villa de Mula en 1430 a la familia Fajardo, los futuros marqueses de los Vélez, a pesar de la revuelta comunera y del pleito interpuesto por el concejo contra el marqués en la primera mitad del siglo XVI, establecerán la capital de sus estados en Mula, pasando a residir en su magnifico Palacio ubicado junto a la iglesia de Santo Domingo hacia 1601.

EL RITUAL FUNERARIO EN IGLESIAS Y CEMENTERIOS

La fuerte presencia de la religión y la iglesia en la vida cotidiana de los siglos XIV a XVIII fomentó la presencia de camposantos junto a los templos, donde eran enterrados los vecinos de las diferentes parroquias. Las familias hidalgas de Mula, con un poder económico mayor se enterraban en el interior de las iglesias, en capillas familiares bajo las que se realizan simples fosas, estructuras de ladrillos o criptas, como la que hicieron los marqueses de los Vélez en la capilla de Nuestra Señora de la Consolación en la iglesia de San Miguel.

A partir del siglo XIX, la población muleña se entierra en el Cementerio Municipal construido en 1831 al final del camino de los Mártires, en el denominado Cabezo del Sepulcro. Sin embargo el cementerio fue demolido a causa del paso de la línea férrea Murcia-Caravaca, construyéndose uno nuevo en 1899 próximo al Cabezo de San Sebastián, llamado de San Ildefonso, donde levantaron numerosos panteones las familias más pudientes de Mula al gusto ecléctico de la época, mezclando diferentes estilos: gótico, clásico, mudéjar, etc. El resto de clases sociales se entierran en panteones más simples, en nichos y en fosas.

EDAD CONTEMPORÁNEA

El siglo XIX

El siglo XIX comienza con la invasión de la villa de Mula por tropas francesas como consecuencia de la Guerra de la Independencia. Los saqueos producidos en 1812 vinieron a unirse al ataque producido por la epidemia de fiebre amarilla, que estaba mermando la población  debido a la falta de higiene y al déficit alimentario producido por las malas cosechas. Esta situación fue endémica a lo largo del siglo produciéndose hasta en cuatro ocasiones brotes de la epidemia de cólera.

A nivel político, este siglo contempló las disputas entre conservadores y liberales hasta convertirse en el feudo de Juan de la Cierva y Peñafiel, diputado por el distrito de Mula durante casi treinta años.

La segunda mitad del siglo XIX conducirá definitivamente a Mula a la modernidad con la edificación del Teatro en 1846, la apertura de la carretera Murcia a Caravaca en 1865, la creación de la primera estación telegráfica en 1888, la instalación de la primera imprenta por Basilio Robres Mañas en 1889, de la que saldría el periódico La Voz de Mula, y la inauguración del alumbrado público en 1897.

El siglo XX

El siglo XX se inició con la lucha por conseguir las dos grandes obras públicas que necesitaba la ciudad de Mula. Por un lado el pantano, que fue puesto en servicio en 1929 y permitió ampliar el regadío, y por otro el ferrocarril que unía Murcia con Caravaca, inaugurado en 1933.

A pesar de los continuos cambios políticos, de la guerra civil española y de la recesión económica, Mula experimentará una oleada industrializadora en el sector conservero, pues la materia prima abundaba como consecuencia de la ampliación del regadío, cuya modernización desembocó en un pionero y sofisticado riego por goteo. La ciudad, estancada desde el siglo XVIII comenzará en la década de los 60 su expansión desarrollista provocando la desaparición de parte de la huerta tradicional de Mula.