LA ANTIGÜEDAD TARDÍA: EL CERRO DE LA ALMAGRA
La Antigüedad Tardía en la comarca del río Mula tiene como enclave principal el yacimiento arqueológico situado en el cerro de la Almagra, frente a la pedanía de los Baños de Mula. El asentamiento, que pudo llegar a adquirir la categoría de municipium, se erigió así en el centro político, administrativo, fiscal y económico del territorio circundante. El desarrollo de este núcleo urbano parece estar vinculado a la explotación de la cantera que se ubica en el lado sur del cerro y a las aguas termales próximas a él. En efecto, el empleo del característico travertino rojizo que da nombre al cerro se atestigua en diferentes elementos constructivos hallados en Cartagena, de entre los que destacan los fustes de la columnatio del Teatro Romano, fechado entorno al cambio de Era. Todo ello no resulta extraño a tenor de las estructuras y materiales documentados tras varias campañas de excavación arqueológica, como las murallas conservadas en su cara norte, los distintos elementos arquitectónicos, fragmentos de sarcófagos, etc.
El asentamiento estará activo hasta la llegada del mundo islámico a la Península Ibérica, siendo una de las ciudades visigodas que capituló en el famoso Pacto de Tudmir en el año 713. La ciudad será abandonada definitivamente a mediados del siglo IX, surgiendo un nuevo asentamiento en el lugar en el que hoy nos encontramos.
RITUAL FUNERARIO EN LA ANTIGÜEDAD TARDÍA
Las necrópolis tardías documentadas en la zona de Mula aparecen asociadas a edificios de tipo religioso. Así sucede en la villa romana de los Villaricos o en el interior de la ciudad ubicada en el cerro de la Almagra, donde se han documentado números enterramientos alrededor de estas edificaciones.
Se trata de enterramientos en fosas simples excavadas en la roca natural y cubiertas principalmente por lajas de piedra. Los cuerpos se colocaban en decúbito supino con los brazos extendidos y las manos sobre la pelvis. La mayoría son enterrados en sudarios sin ajuares, aunque se han documentado algunos objetos de adorno personal como pendientes, anillos, pulseras o broches de cinturón, que han permitido fechar la necrópolis del cerro de la Almagra a mediados del siglo VII d. C.



